martes, 22 de agosto de 2017

Libro: LA MAESTRIA DEL AMOR. Por Dr. Miguel Ruiz. Cap. 11


XI

Sanar el cuerpo emocional

Imaginemos de nuevo que padecemos una enfermedad en la piel y que nuestras heridas están infectadas. Como queremos que la piel se nos cure, acudiremos a un médico, y éste utilizará un escalpelo para abrir las heridas. 

Después las limpiará,aplicará un medicamento y las mantendrá limpias hasta que se curen y dejen de provocarnos dolor. Pues bien, para sanar el cuerpo emocional procederemos del mismo modo. Abrir y limpiar las heridas, aplicar algún medicamento y mantenerlas limpias hasta que se curen. Pero ¿cómo las abriremos? Utilizando la verdad como si se tratase de un escalpelo. 

Hace dos mil años uno de los grandes maestros dijo: «Y conocerás la verdad y la verdad te hará libre». La verdad es como un escalpelo porque produce dolor al abrir las heridas y descubrir todas las mentiras. Las heridas de nuestro cuerpo emocional están cubiertas por el sistema de negación, el sistema de mentiras que hemos creado a fin de protegerlas. Ahora bien, sólo cuando miremos nuestras heridas con los ojos de la verdad, seremos finalmente capaces de sanarlas. Empieza a practicar la verdad contigo mismo. Cuando eres sincero contigo mismo, comienzas a ver las cosas como son y no como quieres que sean. 

Utilicemos un ejemplo que tiene una gran carga emocional: la violación. Digamos que alguien te violó hace diez años; es cierto que fuiste objeto de esa violación. Pero, ahora mismo, ya no es cierto. Fue un sueño, y en ese sueño, alguien abusó violentamente de ti. No lo buscaste tú. No se trató de nada personal. Por la razón que fuera, te ocurrió a ti, igual que podría haberle ocurrido a cualquier persona. Pero ¿vas a condenarte a sufrir sexualmente el resto de tu vida por haber sido objeto de una violación? No es el violador el que te condena a hacer eso. 

Tú eres la víctima, y si te juzgas a ti misma y te declaras culpable, ¿cuántos años te castigarás a ti misma sin disfrutar de una de las cosas más maravillosas del mundo? En ocasiones, una violación puede destrozar la sexualidad para el resto de la vida. ¿Dónde está la justicia? Tú no eres el violador, de modo que ¿por qué tienes que sufrir el resto de tu vida por algo que no hiciste? No eres culpable de que te violaran, pero el Juez que reside en tu mente puede hacerte sufrir y vivir avergonzada durante muchos años. Por supuesto, esta injusticia creará una profunda herida emocional infectada de veneno que bien podría necesitar unos cuantos años de terapia antes de ser liberado. Sí, es verdad que fuiste objeto de una violación, pero ya no es verdad que debas sufrir esa experiencia. Es una elección. 

Este es el primer paso cuando se utiliza la verdad como si fuese un escalpelo: descubres que, ahora, en este mismo momento, la injusticia que originó la herida ya no es verdad. Quizá descubras que, lo que creíste que te había herido tan profundamente, nunca fue verdad. Y aun en el caso de que sí lo fuese, eso no significa que ahora lo continúe siendo. Cuando utilizas la verdad, abres la herida y ves la injusticia desde una nueva perspectiva. En este mundo, la verdad es relativa; cambia sin cesar porque vivimos en un mundo de ilusiones. Lo que es verdad en este mismo instante no tiene por qué serlo más adelante. Y después, podría volver a serlo. 

En el infierno, la verdad también podría ser otro concepto, otra mentira capaz de ser utilizada en tu contra. Nuestro sistema de negación es tan fuerte y poderoso que se convierte en algo muy complicado. Hay verdades que están ahí para tapar mentiras, y, a la vez, también hay mentiras que tapan la verdad. Es como pelar una cebolla, la verdad se revela poco a poco hasta que, al final, abres los ojos y descubres que todas las personas que te rodean, incluido tú mismo, mienten constantemente. En este mundo de ilusión, casi todas las cosas son mentira. Esa es la razón por la que les pido a mis aprendices que sigan las tres reglas para descubrir la verdad. La primera es: No me creas. 

No tienes que creerme, sino pensar y hacer elecciones. Cuando te digo algo, cree en lo que tú quieras creer, pero sólo si tiene sentido para ti, si te hace feliz. Si te conduce hacia tu despertar, entonces haz esa elección y cree en ella. Soy responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que tú comprendas. Vivimos en un sueño completamente diferente. Aunque lo que yo digo sea absolutamente cierto para mí, no significa que tenga que serlo para ti. La primera regla resulta muy sencilla: No me creas. La segunda regla es más difícil: No te creas a ti mismo. 

No te creas todas las mentiras que te dices: todas esas mentiras que tú nunca escogiste, pero que fuiste programado para creer. No te creas a ti mismo cuando te dices que no eres lo bastante bueno ni lo bastante fuerte ni lo bastante inteligente. No te creas tus propias limitaciones y dificultades. No te creas que no eres digno de amor o de felicidad. No te creas que no eres bello. No te creas ninguna cosa que te haga sufrir. No creas en tu desdicha. No creas en tu propio Juez o en tu propia Víctima. No te creas la voz interior que te dice que eres un estúpido, que te dice que te suicides. No te la creas porque no es verdad. Abre tus oídos, abre tu corazón y escucha. Cuando oigas que tu corazón te conduce hacia la felicidad, entonces haz una elección y mantenla. 

Pero no te creas a ti mismo sólo porque es algo que estás acostumbrado a decir, porque más del ochenta por ciento de las cosas que crees se basan en la mentira: no son verdad. La segunda regla es difícil: No te creas a ti mismo. La tercera regla es: No creas a nadie. No creas a otras personas porque todas mienten constantemente. Cuando hayas curado tus heridas emocionales y no sientas la necesidad de creer a otras personas sólo para ser aceptado, lo verás todo más claro. Verás si es negro o blanco, si es o no es. Lo que ahora mismo es, quizá no lo sea dentro de unos pocos instantes. Lo que ahora no está bien quizá lo esté dentro de unos momentos. Todo cambia muy rápido pero, si eres consciente, podrás ver cómo acontece. 

No creas a los demás porque utilizarán tu propia estupidez para manipular tu mente. No te creas a una mujer que te diga que proviene de las Pléyades y que quiere salvar el mundo. ¡Malas noticias! No necesitamos que nadie venga a salvar el mundo. El mundo no necesita a intrusos que vengan del exterior a salvarnos. El mundo está vivo; es un ser vivo y es más inteligente que todos nosotros juntos. Si creemos que el mundo necesita ser salvado, pronto llegará alguien y dirá: «Bien, hay que escapar del planeta porque va a chocar contra nosotros un cometa. Mátate y ¡boom!, alcanzarás al cometa e irás al cielo». No creas en ese tipo de historias. Crea tu propio sueño del cielo; nadie puede hacerlo por ti. Sólo el sentido común será capaz de conducirte hacia tu propia felicidad, tu propia creación. 

La regla número tres resulta difícil porque necesitamos creer en otras personas. No creas en ellas. No creas en mí, no creas en ti y no creas en nadie más. Cuando no crees, todo lo que no es verdad desaparece como por arte de magia en este mundo de ilusión. Todo es lo que es. No necesitas justificar lo que es verdad; no tienes que dar explicaciones. Lo que es verdad no necesita el apoyo de nadie. Tus mentiras necesitan de tu apoyo. Necesitas crear una mentira que sostenga la primera mentira, después otra que sostenga a la última y otras más para sostener todas las mentiras juntas. 

Y así, al final, creas una gran estructura de mentiras, y cuando aparece la verdad, todo se desmorona. Pero es así. No es necesario que te sientas culpable por decir mentiras. La mayoría de las mentiras en las que creemos, sencillamente se disiparán cuando dejemos de creer en ellas. Todo lo que no sea verdad no sobrevivirá al escepticismo; ahora bien, la verdad siempre sobrevivirá. Lo que es verdad es cierto, lo creas o no lo creas. Tu cuerpo está hecho de átomos. No es necesario que te lo creas. Lo creas o no lo creas, es verdad. El universo está hecho de estrellas; esto es verdad lo creas o no lo creas. Sólo lo que es verdad sobrevivirá, y esto incluye los conceptos que tienes sobre tu persona. Hemos dicho que, de pequeños, no tuvimos la oportunidad de escoger qué creer y qué no creer. Bueno, ahora es distinto. Ahora que somos adultos tenemos el poder de hacer una elección. Podemos creer o no creer. Aunque algo no sea verdad, si decidimos creer en ello, lo creeremos porque esa será nuestra voluntad. 

Puedes escoger cómo quieres vivir tu vida. Y si eres sincero contigo mismo, sabrás que siempre tendrás la libertad de hacer nuevas elecciones. Cuando estamos dispuestos a ver con los ojos de la verdad, destapamos algunas mentiras y abrimos las heridas. Pero las heridas todavía están llenas de veneno. Por lo tanto, una vez abiertas, las limpiaremos para eliminar todo el veneno. Pero ¿cómo lo haremos? El mismo maestro nos dio la solución hace dos mil años: el perdón. El único medio para limpiar las heridas y desprendernos del veneno es el perdón. Debes perdonar a quienes te hirieron aunque, en tu mente, todo lo que te hicieron resulte imperdonable. Los perdonarás no porque merezcan tu perdón, sino porque no quieres sufrir y causarte más dolor a ti mismo cada vez que recuerdes lo que te hicieron. 

No importa lo que otras personas te hiciesen, las perdonarás porque no quieres sentirte permanentemente enfermo. El perdón es necesario para sanar tu mente. Perdonarás porque sentirás compasión de ti mismo. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo. Para ilustrar lo que acabo de decir te pondré el ejemplo de la mujer divorciada. Imagínate que has estado casada durante diez años, y por la razón que sea, tienes una gran pelea con tu marido a causa de una injusticia. Te divorcias de él; realmente no puedes soportarle. Sólo con oír su nombre sientes un fuerte dolor en el estómago y tienes ganas de vomitar. El veneno emocional es tan fuerte que eres incapaz de soportarlo más. 

Necesitas ayuda, de modo que acudes a un terapeuta y le dices: «Estoy sufriendo mucho. Estoy llena de enfado, de celos y de envidia. Lo que hizo es imperdonable. No aguanto a ese hombre». El terapeuta te mira y te dice: «Necesita liberar sus emociones; necesita expresar su enfado. Lo mejor sería desahogar sus emociones con una gran pataleta. Coja una almohada, golpéela y libere su enfado». De modo que eso es lo que haces: montas una pataleta colosal y liberas todas esas emociones. Realmente parece funcionar. Le pagas cien dólares y le dices: «Muchas gracias. Me siento mucho mejor». Finalmente, aparece una gran sonrisa en tu rostro. Abandonas la consulta del terapeuta, y ¿adivinas quién se te cruza por delante con el coche? Cuando ves a tu ex marido vuelves a sentir la misma cólera de inmediato, sólo que peor. Tienes que volver corriendo al terapeuta y desembolsar otros cien dólares para desahogarte de nuevo. 

Liberar tus emociones de esta manera sólo proporciona una solución temporal. Quizá te ayude a desprenderte de una determinada cantidad de veneno emocional y te sientas mejor momentáneamente, pero no curas tu herida. El único medio para sanar tus heridas es a través del perdón. Tienes que perdonar a tu ex marido por la injusticia que cometió contigo. Ahora bien, sólo sabrás que has perdonado a alguien cuando lo veas y ya no sientas nada, cuando escuches su nombre y no experimentes ninguna reacción emocional. Por lo tanto, cuando seas capaz de tocar una herida emocional y ya no sientas dolor, entonces sabrás que verdaderamente has perdonado. Evidentemente, en ese lugar te quedará una cicatriz, del mismo modo que te queda en la piel. Recordarás lo que sucedió, cómo eras antes, pero una vez que la herida se haya curado, dejará de doler para siempre. 

Tal vez pienses: «De acuerdo. Es fácil decir que debemos perdonar. Lo he intentado, pero no soy capaz de hacerlo». Tienes muchas razones, muchas justificaciones por las cuales no puedes perdonar. Pero no es verdad. La verdad es que no puedes perdonar porque aprendiste a no hacerlo, porque eso es lo que practicaste, porque llegaste a ser un maestro de la falta de perdón. Durante una época, de pequeños, el perdón era nuestro instinto natural. Antes de habernos contagiado de esta enfermedad mental, perdonar nos resultaba fácil y normal. Acostumbrábamos a perdonar a los demás de un manera casi instantánea. Si observas a dos niños que juegan juntos y empiezan a pelearse y a pegarse entre ellos, comprobarás que, de pronto, rompen a llorar y corren hacia sus madres. «¡Eh, me ha pegado!» Una de las madres se acerca a la otra para hablar con ella. 

Las dos se pelean, y, sin embargo, a los cinco minutos, los dos niños están jugando juntos otra vez como si no hubiera sucedido nada, mientras las dos madres se detestarán la una a la otra el resto de su vida. No tenemos que aprender a perdonar porque ya nacemos con la capacidad de hacerlo. Pero ¿adivinas qué nos ha ocurrido? Pues que hemos aprendido y practicado la conducta opuesta, y ahora nos resulta muy difícil perdonar. Cuando una persona nos hace algo, ya está, nos olvidamos de ella, queda expulsada de nuestra vida. 

Convertimos el asunto en una guerra de orgullo. ¿Por qué? Pues porque nuestra importancia personal crece cuando no perdonamos. Al decir: «Haga lo que haga no la perdonaré. Lo que hizo fue imperdonable», nuestra opinión parece cobrar importancia. El verdadero problema reside en el orgullo. A causa del orgullo y del honor, añadimos más leña al fuego de la injusticia a fin de que nos recuerde que no podemos perdonar. Pero ¿adivinas quién es el que va a sufrir y a acumular más y más veneno emocional? Pues nosotros mismos, ya que sufriremos por las cosas que hagan las personas que nos rodean, aun cuando no tengan ninguna relación con nuestra persona. 

También aprendemos a sufrir con el único propósito de castigar a la persona que nos maltrató. Nos comportamos como niños pequeños que montan una pataleta para llamar la atención. Me hiero a mí mismo sólo para decir: «Mira lo que estoy haciendo por tu culpa». Es una gran broma, pero eso es exactamente lo que hacemos. Lo que realmente queremos decir es: «Dios, perdóname», pero no diremos una palabra hasta que Dios venga y nos pida primero que le perdonemos. En muchas ocasiones ni siquiera sabemos por qué estamos tan disgustados con nuestros padres, nuestros amigos, nuestra pareja. 
Estamos disgustados y si, por alguna razón, la otra persona nos pide que la perdonemos, nos echamos a llorar de inmediato y decimos: «Oh, no, perdóname tú a mí». Ves a buscar al niño pequeño que está en el rincón con una rabieta. 

Coge tu orgullo y tíralo a la basura. No lo necesitas. Sencillamente, libérate de tu importancia personal y pide perdón. Perdona a los demás y verás cómo los milagros empiezan a suceder en tu vida. En primer lugar, haz una lista de todas las personas a las que crees que necesitas pedir perdón, y acto seguido, pídeles perdón. Aunque no tengas tiempo de llamarlas a todas, pide perdón en tus oraciones y a través de tus sueños. En segundo lugar, haz otra lista de todas las personas a quienes necesitas perdonar. Empieza por tus padres, hermanos y hermanas, tus hijos, tu cónyuge, tus amigos, tu amante, tu gato, tu perro, el gobierno y Dios. Ahora perdonarás a los demás porque sabes que, independientemente de lo que alguien te hiciese, no tenía nada que ver contigo. Cada uno sueña su propio sueño, ¿recuerdas? 

Las palabras y los actos que te hirieron fueron, meramente, la reacción de esa persona a los demonios de su propia mente. Está soñando en el infierno y tú no eres más que un personaje secundario de su sueño. Nada de lo que hace nadie es por ti. Una vez que cobres esta conciencia, y no te lo tomes como algo personal, la compasión y la comprensión te conducirán al perdón. Empieza a trabajar en el perdón; empieza a practicar el perdón. Al principio cuesta, pero después se convertirá en un hábito. El único medio de recuperar el perdón es volver a practicarlo. Practica incansablemente hasta que, al final, puedas comprobar si eres capaz de perdonarte a ti mismo. En un momento determinado, descubres que tienes que perdonarte a ti mismo por todas las heridas y el veneno que tú mismo creaste en tu propio sueño. 

Cuando te perdonas a ti mismo, empiezas a aceptarte, y entonces, el amor por tu persona crece. Ese es el perdón supremo: perdonarte a ti mismo. Lleva a cabo un acto de poder y perdónate a ti mismo por todo lo que has hecho en tu vida. Y, si crees en las vidas anteriores, perdona todas las cosas que crees haber hecho en tus vidas pasadas. El concepto del karma es verdadero sólo porque creemos que lo es. Debido a nuestras creencias sobre la bondad o la maldad, nos sentimos avergonzados por lo que creemos que es malo. Nos declaramos culpables, pensamos que nos merecemos un castigo y nos castigamos a nosotros mismos. 

Estamos seguros de que lo que creamos es una inmundicia que es preciso limpiar. Y sólo por creerlo «Así es». Se convierte en algo real para ti. Creas tu karma y tienes que pagar por él. Así de poderoso eres. Romper un antiguo karma es fácil. Lo único que tienes que hacer es abandonar esa creencia negándote a creer en ella, y de este modo, harás que desaparezca. No necesitas sufrir, ni pagar por nada; ya pasó. Para que el karma desaparezca bastará con que te perdones a ti mismo. Cuando llegues a ese punto, podrás empezar de nuevo. El perdón es el único medio para limpiar las heridas emocionales; cuando perdonas, la vida se convierte en algo fácil. El perdón es el único medio para sanar nuestras heridas. 

Una vez que hayamos limpiado las heridas, utilizaremos una poderosa medicina para acelerar el proceso de curación. Por supuesto, esta medicina también nos la ha dado el mismo gran maestro, y es el Amor. El amor es la medicina que acelera el proceso de curación. No existe otra medicina más que el amor incondicional. No se trata de: «Te amo si...», o «Me amo a mí mismo si...». Sin condiciones ni justificaciones ni explicaciones. Se trata sólo de amar. Ámate a ti mismo, ama a tu vecino y ama a tus enemigos. Es de sentido común, pero no seremos capaces de amar a los demás hasta que no nos amemos a nosotros mismos. 

Y esa es precisamente la razón por la que debemos empezar a hacerlo. Hay millones de maneras distintas de expresar tu felicidad, pero sólo una de ser realmente feliz, y esa manera consiste en amar. No existe otra. No es posible ser feliz si no te amas a ti mismo. Es un hecho. Si no te amas a ti mismo no tienes ninguna posibilidad de ser feliz. No se puede compartir lo que no se tiene. Si no te amas a ti mismo, tampoco puedes amar a nadie. Aun así, sientes la necesidad de amor, y si hay alguien que te necesita, dirás que eso es amor; eso es lo que los seres humanos llamamos amor. 

Pero no es amor. No es más que un acto de posesión, de egoísmo y de control que no conoce el respeto. No te mientas a ti mismo; eso no es amor. Sólo es posible ser feliz cuando el amor emana de ti, cuando sientes un amor incondicional por ti mismo y te entregas por completo a ese amor. Cuando actúas de este modo, dejas de resistirte a la vida. Dejas de rechazarte a ti mismo. Ya no cargas con todos esos reproches y ese sentimiento de culpabilidad. Sencillamente aceptas quien eres y a todas las personas tal como son. Tienes derecho a amar, a sonreír, a ser feliz, a compartir tu amor y a no tener miedo de recibirlo. La curación se fundamenta en tres puntos muy sencillos: la verdad, el perdón y el amor hacia uno mismo. Una vez adquiridos, el mundo entero sanará y dejará de ser un hospital mental para siempre.

Estos tres puntos clave para sanar la mente nos fueron brindados por Jesús, pero él no fue el único que nos enseñó el camino de la curación. 

Buda y Krishna hicieron lo mismo. Y muchos otros maestros llegaron a las mismas conclusiones y nos enseñaron las mismas lecciones. En todo el mundo, de Japón a México, a Perú, a Egipto o a Grecia, la curación de los seres humanos fue un hecho. Vieron que la enfermedad residía en la mente humana y utilizaron estos tres métodos: la verdad, el perdón y el amor hacia uno mismo. Si somos capaces de ver nuestro estado mental como una enfermedad, descubriremos que existe una verdadera curación. 

No es necesario que suframos más; si somos conscientes de que nuestra mente está enferma, de que nuestro cuerpo emocional está herido, también seremos capaces de sanar. Imagínate que todos los seres humanos empezasen a ser sinceros consigo mismos, que empezasen a perdonarse los unos a los otros y a amar a todas las personas. Si todos los seres humanos amasen de este modo, dejarían de ser egoístas; estarían abiertos a dar y a recibir y no se juzgarían los unos a los otros. Los chismes se acabarían y el veneno emocional, al final, se disolvería. Ahora estamos hablando de un planeta completamente distinto. No se parece en nada a la Tierra. Esto es lo que Jesús llamó «El cielo en la tierra», Buda, «Nirvana» y Moisés, la «Tierra Prometida». Es un lugar en el que todos nosotros podemos vivir con amor porque centramos nuestra atención en el amor. Elegimos amar. Sea cual sea el nombre que le des al nuevo sueño, sigue siendo un sueño tan real o tan falso como el sueño del infierno. Pero ahora eliges el sueño en el que tú quieres vivir. Ahora tienes en tus manos las herramientas necesarias para sanarte. La cuestión es: ¿qué vas a hacer con ellas?   

 Dr. Miguel Ruiz.

Dejar de hablarle a alguien como castigo


Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra”, dijo el periodista y político Georges Clemenceau. Sin duda, el silencio puede decir muchas cosas sin decir nada, pero debemos tener mucho cuidado cuando lo utilizamos porque, en palabras del músico Miles Davis, “el silencio es el ruido más fuerte”.

Muchas personas utilizan el silencio como una herramienta para expresar su enojo, su inconformidad o simplemente para escarmentar a los demás. De esta manera, cuando se enfadan, “castigan” al otro dejándole de hablar. ¿Es una buena estrategia? ¿Qué se esconde realmente detrás de ese tipo de silencio?

¿Por qué algunas personas responden a los conflictos con el silencio?


Ante todo, es importante distinguir entre el silencio que nace del deseo de no discutir más, porque se ha comprendido que el conflicto ha llegado a un punto muerto y no se desea añadir más leña al fuego, y el silencio que se utiliza como espada para castigar o escarmentar al otro. 

La persona que recurre al silencio como castigo generalmente es porque no dispone de otros recursos psicológicos para enfrentar la situación. El silencio es su respuesta por varias razones:

- Cree que su interlocutor no le escucha, que no está abierto a su punto de vista, y utiliza el silencio para “obligar” a escucharle.

- Piensa que su interlocutor debe disculparse por su actitud o palabras, y utiliza el silencio como escarmiento.

- Cree que es inútil hablar del tema porque no se llegará a un acuerdo, de manera que usa el silencio para que el otro se sienta obligado a dar su brazo a torcer.

- Se siente profundamente ofendido, pero no quiere reconocerlo, y utiliza el silencio para que el otro recapacite.

- No desea abordar un tema sensible, por lo que culpa al otro y le castiga con el silencio, para que sea quien cambie.

Sea cual sea la razón, en el fondo este uso del silencio lo que persigue es doblegar al otro, es una especie de castigo a través del cual se culpa a la otra persona y se pone la responsabilidad de la relación en sus manos. Es como decir “no voy a decir nada más, tú verás qué haces, la responsabilidad última es tuya”. 

Esto significa que la persona que calla en realidad no tiene interés en resolver el conflicto mediante el diálogo, sino que tan solo quiere que el otro acepte su punto de vista.



Usar el silencio como castigo implica una actitud manipuladora y agresiva


Usar el silencio como castigo es una actitud infantil que no resuelve nada pues aunque brinda una gratificación egoísta para quien calla, deja un amargo sabor en la boca en su interlocutor y genera cicatrices en la relación. De hecho, poco a poco se instaura una relación de manipulación emocional, donde uno es sometido a través del silencio.

No hay dudas de que el silencio puede tener múltiples significados, pero usarlo como castigo implica una actitud pasivo-agresiva. Es decir, dejar de hablarle a otra persona es una agresión velada. De hecho, en algunos casos este tipo de silencio puede dejar cicatrices más profundas que una agresión verbal directa porque el silencio es un vacío susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Debemos recordar que la distancia emocional que impone el silencio no es la mejor manera para resolver los conflictos y acortar las distancias. La comprensión se logra a través del diálogo, no mediante el uso de silencios cortantes que ahondan las diferencias.

Si bien es cierto que en algunos casos el silencio puede funcionar y la otra persona se disculpará y dará su brazo a torcer, en última instancia esta táctica solo generará rencor y problemas ya que el conflicto en realidad no se ha solucionado, solo se ha encubierto.

¿Cómo se siente la persona que sufre el “tratamiento de silencio”?


El silencio puede ser interpretado de muchas formas, pero normalmente lo interpretamos de la peor manera posible. Un metaanálisis realizado en la Universidad de Texas que incluyó los resultados de 74 estudios en los que participaron 14.000 personas llegó a la conclusión de que el silencio suele ser muy destructivo en las relaciones de pareja ya que las personas lo interpretan como una falta de implicación del otro y un intento de someterlos emocionalmente. 

Estos psicólogos apreciaron que el uso del silencio como castigo es común en las parejas y es uno de los factores que conducen al divorcio porque estas personas no solo se sienten menos satisfechas con la relación, sino que además perciben a su pareja más distante emocionalmente.

De hecho, uno de los problemas es que quien recibe el tratamiento silencioso se sentirá cada vez más frustrado por la falta de respuesta e implicación del otro, lo que la relación será cada vez más tirante y se producirán más roces.

La persona que es víctima del tratamiento del silencio se sentirá confundida, frustrada y hasta culpable. Es probable que también se sienta sola e incomprendida. Obviamente, estos sentimientos no contribuyen precisamente a mejorar la relación y solucionar el conflicto, al contrario, crean una brecha cada vez más grande.

Los usos positivos del silencio


A veces es mejor callar, como por ejemplo:

- Cuando estamos demasiado enojados y nos damos cuenta de que podemos decir cosas de las que después nos arrepintamos.

- Cuando nuestro interlocutor está demasiado exaltado y la discusión está degenerando.

- Cuando se utiliza como una pausa en la discusión para que el otro reflexione sobre sus palabras.

La diferencia entre estos usos positivos del silencio y el silencio usado como castigo es que existe respeto hacia el otro y no se pretende doblegar o herir a nadie.

En cualquier caso, es importante asumir que el silencio es un dardo vacío que puede adquirir múltiples significados, por lo que si la otra persona realmente nos importa, lo mejor es decir de manera asertiva lo que pensamos y sentimos. Así no habrá lugar para malentendidos.

De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Lovaina comprobó que el silencio no ayuda a que los problemas desaparezcan o los olvidemos, todo lo contrario, refuerza el problema. Estos psicólogos comprobaron que la mejor manera para dejar atrás los conflictos consiste en hablar de ellos.


Fuentes:
Schrodt, P. et. Al. (2014) A Meta-Analytical Review of the Demand/Withdraw Pattern of Interaction and its Associations with Individual, Relational, and Communicative Outcomes. Communication Monographs; 81(1): 28-58.
Stone, C. B. et. Al. (2012) Toward a Science of Silence. The Consequences of Leaving a Memory Unsaid. Perspect Psychol Sci; 7 (1): 39-53.

https://www.rinconpsicologia.com

NO HAY NADIE.


¿Te has dado cuenta de que este pensamiento "yo" no está siempre presente? Se trata de una forma de pensamiento fugaz, no permanente, que viene y va.

 ¿Recuerdas la última vez que condujiste y te diste cuenta que no había ningún pensamiento "yo estoy conduciendo." Sólo había conducir, sucediendo? Así es que el "conductor" a veces está allí, a veces no. Sin embargo, el conducir sucede perfectamente, ya sea que "tú" estés allí o no. Detente ahora y ve esto.


~ Charlie Hayes 


NO HAY NADIE ~ Tony Parsons ~

No hay nadie. Nadie que esté haciendo algo, nadie lo hace. Nadie está respirando. 

Nadie está haciendo los sonidos, los sonidos simplemente suceden. 

“Escuchando los sonidos” está sucediendo. La ilusión es que tú los estás escuchando. Que hay alguien aquí sentado en una silla. Que ese alguien, ese individuo está escuchando sonidos sucediendo. 

Todo simplemente es el Ser, la vida. La vida, la vitalidad, es lo que está sucediendo. Y en esta vitalidad surge la idea de que hay alguien. La idea de que soy una persona, surge. Eso es absolutamente perfecto, está bien, es el juego. No está ni bien ni mal, es lo que sucede.

Cuando un individuo surge, el apropiamiento sucede. La idea “esto me está sucediendo a mi”. “Yo soy el que está respirando”. “Yo soy el que está escuchando los sonidos”. “Yo soy un individuo”, “yo soy el individuo separado al cual la vida le está sucediendo. Y para sentirme más cómodo necesito controlar esa vida. Necesito buscar placer y evitar el sufrimiento”. 

Ése es el juego, es perfecto. Está absolutamente bien. Es la vida sucediendo. Es el Ser, siendo. Es el Ser pretendiendo ser una persona. Es el Uno siendo dos; pretendiendo ser dos. Es el juego. 

Pero en esa separación hay un sentido de pérdida. Hay una sensación de que hay algo que no está completo. A menudo, en el mundo personal, eso es percibido. Hay millones de personas en el mundo no necesariamente sintiendo que algo falta todo el tiempo. Muchos están disfrutando y muchos no, pero por debajo de todo hay un desconfort, una sensación de que falta algo, un hueco, una carencia. Y para llenar esa carencia, las personas hacen todo tipo de cosas, como intentar convertirse en ricos o ser buenos en las relaciones o convertirse en cristianos o budistas. O convertirse en personas equilibradas, como los terapeutas que se convirtieron en personas equilibradas y perceptivas, que ya han superado sus bloqueos emocionales. 

Todo es para satisfacer un sentido de pérdida. Un sentido de que hay algo que no está realmente completo. De un secreto que está ahí pero que no puede ser visto. Entonces, nos llenamos con todo eso, y una de las cosas que hacemos con este hueco, esta carencia, es intentar llenarlo con algo llamado iluminación.

La gente escucha nombrar algo llamado iluminación o liberación, entonces, van y escuchan hablar de alguien que enseña la iluminación y sienten que es otra manera de “tal vez ésta sea la forma de sentirme completo”. Porque esto suena como la mejor actividad para satisfacerme. Entonces vamos a ver a maestros, y en toda nuestra vida hemos creído, como individuos, que el esfuerzo trae resultados. Vivimos en un mundo de metas personales, y vivimos en un mundo de anticipación; siempre va a ser mejor mañana. Entonces recurrimos a instructores, y la mayoría de los instructores y los llamados maestros nos enseñan como individuos que para que la unidad aparezca o nos iluminemos debemos convertirnos en algo; como quedarnos quietos o abandonar al ego.

No importa lo que sea, siempre es una larga lista, por ejemplo meditar. Y otra vez lo que sucede es que, de alguna forma, el sentido de la persona es reforzado una y otra vez. Siempre se acerca "mío", todo es por "mi". "Yo" tengo que enriquecerme. "Yo" tengo que ser bueno en el trabajo. "Yo" tengo que ser buen amante. "Yo" tengo que iluminarme. 

Y en cierto sentido, desde el primer momento de separación, ese primer pensamiento "yo", que aparece en una edad muy temprana, desde ese momento, la búsqueda comienza. Desde ese momento de separación con el Todo, aparece el buscador.
No hay nadie que no busque siempre que exista la persona.

Entonces, buscar sucede. Y en el momento que ese pensamiento "yo" surge, el soñador es creado. Y construido a través de la vida, convirtiéndose en el soñador del sueño llamado "soy una persona en el mundo". Hay un mundo ahí fuera y yo soy una persona que tiene que negociar con el mundo. 

Entonces, la función de esa aparente persona es soñar, solo soñar, es el soñador. Y soñamos que podemos iluminarnos también; "si voy a ese maestro o a aquél, puedo convertirme en un iluminado". Es otra parte del sueño.

Despertar es darse cuenta de que no hay nadie. Despertar es despertarse del sueño de que hay alguien. Cuando el sueño y la idea de que hay alguien desaparecen, cuando el buscador ya no está más, aquello que es visto se vuelve evidente. No cae de ningún lugar, es todo lo que es. 

Lo que buscamos es todo lo que es. Lo que buscamos, ya es. Lo que lo es todo. 

Lo que buscamos es la vitalidad, la vida que ya es. Es la vida misma sin nadie ahí que esté vivo. Solo es la vida misma. 

Es como estar sentado en una silla, la respiración está sucediendo, el estar sentado en una silla está sucediendo, el escuchar esta voz está sucediendo, el escuchar sonidos está sucediendo... Ésta es la vida misma. Éste es el Ser. 

Nunca vino y nunca se fue, siempre ha sido la vitalidad misma. Y podrías salir e irte corriendo lo más rápido posible para escaparte de la vitalidad y seguiría siendo la vitalidad. Podrías resistirte a lo que está siendo sugerido aquí, y resistirte a la vitalidad es también la vitalidad.

Evitar la vida, evitar ser esto, es también ser esto. No hay nada que no sea la unidad, que no sea la vitalidad. Todo es la vida misma. Y de alguna manera u otra, el soñador cree que tiene que encontrar la vitalidad (el ser, la unidad, la iluminación). Entonces, gastan su tiempo en encontrar la iluminación. Eso también es la vitalidad. No hay nada correcto o incorrecto en eso, es absolutamente lo que es.

Y luego la gente escucha o se da cuenta que lo que buscan no lo pueden encontrar. Hay alguna realización con algunas personas de que no pueden encontrar lo que están buscando, y que no necesitan buscarlo, y la idea de ser un individuo separado de repente se desvanece. Y ahí está aquello que es visto.Y aquello que es visto es ser lo que es. 

Esto, el respirar, el estar sentado en una silla... es ser lo que es, la fuerza vital, el Ser. Absolutamente simple y muy ordinario, no se trata de grandes eventos. Convertirse en un gran esto o aquello es la absoluta ordinariedad de "estar sentado en una silla". 

Luego, el milagro es cuando tú estás sentado en una silla, todavía estás haciendo algo, todavía estás buscando algo, no estás realmente sentado en una silla, estás esperando al siguiente momento. El milagro es que cuando ya no estás más, cuando ya no hay un sentido de "yo", de ser alguien, entonces sólo queda "sentado en una silla".

Y luego la maravilla llega. La maravilla de un niño acerca de esto. Esto es lo que anhelamos; la maravilla como cuando éramos niños acerca de esto. El amante perfecto. Nos encontramos con el amante perfecto, que nunca nos ha dejado. Nunca nos ha abandonado y nunca lo hará, es el amante constante; ser puro y atemporal.

Y luego, el juego se convierte de ser una búsqueda a ser una celebración. El despertar es simplemente la celebración de la vitalidad, de la vida que es. 

Así que podemos hablar juntos acerca de esto, aunque nunca podremos describir la liberación. Nunca podremos describir la maravilla de esto, pero podemos conversar juntos. Las palabras apuntan hacia algo más allá de las palabras. Las palabras son conceptos que apuntan hacia eso que no es conceptual.

En cierto sentido, es posible llegar a ver que esto es lo que es. No que al final de esta conversación va a suceder esta tarde o durante la semana. O si el responder las preguntas correctas o preguntar lo adecuado sucediera. No, eso no lo será. Esto es Eso, Esto es Eso que Es… Eso que ya Es y siempre Es, nunca dejó de serlo. 
Entonces, ya lo tienes. Puedes irte a tu casa y yo me puedo ir a mi casa. Esto ya es Eso que Es.

No necesitas a nadie que te enseñe. No necesitas un maestro, ¿cómo podría enseñarte a respirar o a sentarte en una silla?

¿Por qué alguien tendría la arrogancia de enseñarte a Ser cuando lo único que existe es ser? 

Esto es en verdad sencillo y directo. 

Todos los maestros del "hacer" te están enseñando a convertirte en algo
Todas las enseñanzas son de convertirte en algo, convertirte en alguien más sereno, convertirte en lo que sea. Siempre tienes que convertirte en eso. Nunca lo eres sino que tienes que convertirte en Eso. Si lo intentas un poco más fuerte, llegarás. 

Es absurdo! Tú ya eres Eso. Tú eres Esto. 
Esto ya Es.La Unidad, la Totalidad es el amante perfecto porque nunca te deja. La gente cuando se libera me dice: "es sorprendente, porque lo que siempre estuve buscando nunca me dejó, siempre ha estado aquí, siempre ha sido Esto, lo que Es". Lo que ellos anhelan nunca los abandona, está constantemente aquí. 

Mucha gente se siente atraída por este mensaje y cuando vienen y lo escuchan, lo rechazan, lo repelen. Esto es debido a que los opuestos se atraen y se repelen entre sí. Este mensaje les hace enfrentarse directamente y a la persona esto no le gusta. Porque de alguna manera sabe, de alguna manera es absolutamente conocido que cuando la persona escucha este mensaje, acaba desapareciendo. La persona pierde su identidad, lo cual es la liberación en sí. La liberación no es más que la pérdida de la identidad, del “yo”.

La historia solo es para el individuo, la persona. El pequeño "yo", la identidad separada, es la historia. No hay historia fuera de la entidad separada. Cuando el sueño de la separación emerge, el reloj comienza a hacer tic tac, y la aparente historia del "yo" comienza. 

Aparentemente, es solo en apariencia, solo una ilusión. Pero, dentro de esa historia emerge: "debo hacer que mi vida funcione" o "yo debo encontrar la iluminación" o cualquier otra idea que surja. 

La liberación es simplemente el colapso de toda esta historia. De toda la idea de que hay una tal cosa como el tiempo, un destino mío a perseguir o cambiar, una Deidad fuera de mí... Eso simplemente colapsa en el momento de la liberación. No queda otra cosa más que el mismísimo Ser, el cual es indescriptible.Al individuo, eso le da miedo antes de la liberación, porque después de la liberación no queda nadie a quien adjudicarle ese miedo, porque no hay nadie, solo queda ser. Solo hay vida, solamente la vida sucediendo.

Así que no es nada especial, es totalmente ordinario, simple. Luego de la liberación todo continúa sucediendo como antes pero para nadie. En un sentido es completamente ordinario y en otro sentido es simplemente maravilloso. 

Es en realidad recordar, regresar al permanente asombro infantil. El niño que se asombra por cada cosa que hay a su alrededor y se siente maravillado. Así que después de esto, de la liberación, es vivir maravillado. Hay una dulzura gentil, un gentil asombro acerca de todo, por cualquier cosa. No le pasa a la persona, solo sucede el asombro.

La persona ya no aparece. No aparece el enojado por el atasco en el tráfico, el enojo puede suceder, pero no hay nadie que esté enojado. 

Toda esa noción de una entidad que es "dueña de algo" ya no está ahí. La Vida siempre es fluir libremente, así que todas las expresiones de la Vida, irritación, enojo, tristeza, elección, etc., todo está ahí. Después de la liberación solo está la Vida sola, no hay nada más.

Esto es todo lo que hay. Esto es lo sin forma en la forma. Esto es el vacío lleno. Es la nada y el todo. Es la energía sin límites que es la nada siendo todo en simultáneo. Esto es todo lo que hay.

Y es completamente libre. Esa energía sin límites es totalmente libre. No tiene autoridad, no hay ninguna autoridad sobre ella, es libre de autoridad. No tiene propósito, no tiene significado, simplemente es lo que es. Y básicamente es todo lo que hay. Y está más allá de la idea de necesitar consciencia, presencia pura o sapiencia. Es libre, se mantiene sola, es caótica.  

Y además es como el mago, porque esta energía sin límites puede ser cualquier cosa. Puede moverse más rápido que la luz y estar totalmente vacío en simultáneo. Y también puede aparecer como una energía fruncida, puede convertirse en lo que guste.En la fisiología humana, esa energía fruncida aparece como un sentido de separación.

De pronto hay un “alguien”, aparece un “yo”, y aparece en una realidad artificial. Aparece en una realidad que es totalmente finita, es una realidad que solo abarca sujeto y objeto. Es una realidad de sujeto-objeto, es una realidad dualista.
El “yo” vive en esa realidad y solo puede existir en esa realidad. Así es como existe.

Y de alguna forma u otra cree ser real; “yo soy real”.

El “yo” crece rodeado de muchos “yoes” obviamente, y mientras más crece rodeado de otros aparentes “yoes”, más se convence de que es real.

El único problema acerca de este sentido de vivir en una realidad de sujeto-objeto es que en realidad es profundamente insatisfactoria. Hay un sentido de que algo falta y que algo se ha perdido, porque todo lo que se experimenta es experimentado como un objeto separado. Y entonces empieza la búsqueda en un nivel más profundo.

Todos los que viven en esa realidad separada también están buscando, pero para los sensibles hay una búsqueda más profunda para encontrar lo que podríamos llamar la realización. Porque las personas que son sensibles, no se sienten realizados en esta realidad separada.

Pero la entera naturaleza de esa realidad es finita, es una realidad de sujeto-objeto. Y lo que el buscador está buscando en la realidad finita es realmente lo infinito. Y el buscador no puede encontrar lo infinito en lo finito. Así que todo el esfuerzo de buscar la realización es fútil. 

Todo ese esfuerzo de “yo encontrando la realización” solo hace que el “yo” se haga más y más grande. Y el sentido de separación se refuerza mucho más por este esfuerzo de encontrar algo que está más allá de la experiencia del buscador. Porque es una energía infinita, y el buscador solo puede experimentarse a sí mismo y a su realidad en lo finito.

La libertad es la repentina disipación, el repentino desvanecer de esa energía, la cual siente que es real y siente que está viviendo en su propia realidad y siente que puede encontrar algo.

La liberación, la libertad, es el fin de la energía de la búsqueda. Esta energía colapsa, de pronto se desvanece, de pronto ya no está ahí, y todo lo que queda es desconocido. 

La energía de la separación colapsa y no queda nada que sepa que ha colapsado, lo que queda es lo que es. Lo que queda cuando el buscador colapsa o se desvanece es completamente desconocido, no se puede describir, pero podrías decir en palabras que todo lo que queda cuando la búsqueda termina es lo que ya es; la energía de libre flujo y sin límites. El mismo Ser.

La separación es una energía. No es un pensamiento, una creencia o una idea. No se puede alcanzar la iluminación mediante el pensamiento o ideas o creencias. La separación es una energía contraída. Y la liberación es simplemente el derretimiento y retorno de esa energía en el Todo. Es la descontracción de la energía de la separación, que se expande y se funde en la Fuente.

Todo esto es simplemente la nada apareciendo como algo. Esta es una apariencia de la nada y no tiene propósito o significado alguno. 

Lo único que busca propósito y significado en esto es el "yo". El "yo" quiere propósito y significado, quiere una esperanza. Vive en sueños y esperanzas de algo que será mejor, sin darse cuenta que esto ya está completo, ya está realizado.

Toda la energía de la búsqueda, la energía del "yo", es una energía contraída. Es una energía sin límites que aparenta ser contraída. Y esta contracción puede derretirse de vuelta hacia lo ilimitado. Se expande para fundirse nuevamente con la totalidad que es.

Las personas quieren que se les enseñe o se les guíe cómo encontrar algo por sí mismo. La búsqueda espiritual es otra forma de materialismo. La búsqueda espiritual es simplemente conseguir algo para el "yo". Lo que se está sugeriendo aquí es que hay algo más allá de eso, que no se puede agarrar, que no se puede enseñar, que no se puede compartir, que ni siquiera se puede entregar. Todo lo que hay es lo que sucede, no hay alguien que puede elegir o hacer, no hay ningún hacedor, las cosas simplemente suceden.

Docenas de personas que vienen a mis charlas podrían comprender esto en dos minutos. Ellos lo comprenden, pero aún son un "yo" que ahora tiene una comprensión. 

El "yo" es una ilusión, una energía de sentirse separado, y esto no es libertad. La libertad no tiene que ver con una idea, no es sobre soltar un pensamiento o una idea o el cambio de un sistema de creencias, se trata sobre un cambio energético. O un aparente cambio energético; salir de un contraído sentido de ser separado a uno sin límites.

Cuando el sentido de separación colapsa, hay un reconocimiento de que este colapso fue el final de algo que nunca sucedió.

Se trata de la muerte, el final de esta energía del "yo separado". Y cuando el “yo separado” desaparece, muere, todo está libre, y lo que queda es lo que es, el todo, la Vida misma. No hay nada que le suceda a alguien, solo es el suceder mismo.

El “yo” tiene miedo y rechaza este mensaje, porque la única forma en que el “yo” puede seguir existiendo es sabiendo o soñando que es real. 

El "yo" vive en un sueño llamado "yo soy real" y piensa que puede encontrar la iluminación o completitud, pero nunca lo logrará. La iluminación es la ausencia del “yo”. Así que el “yo” anhela su propia ausencia, lo cual es lo que la liberación es.

El único problema aquí es que cuando la liberación ocurre, no queda nada ahí, nadie que conozca eso.

El buscador, el "yo" desea la iluminación pero no quiere morir. La iluminación es la total ausencia de "yo". Ésta es la gran paradoja. El “yo” no puede aniquilarse a si mismo. La muerte del “yo” es algo que simplemente sucede. Lo que realmente quiere el "yo" es encontrar una respuesta conceptual para así poder continuar viviendo con una "fórmula para la vida" o una manera de vivir.Está buscando una fórmula y no hay ninguna. Todo lo que hay es la Vida misma. 

No hay nadie, solo la Vida misma manifestándose. Las emociones pueden emerger, al igual que los pensamientos. La ansiedad puede emerger, cualquier cosa puede emerger, pero no emerge para nadie. No hay un alguien que esté ansioso, solo hay energía, hay emociones, hay sonidos, y todo eso emerge o surge de la Nada y regresa a la Nada. No hay nada ahí que la separe, solo es lo que Es, y eso es libertad. 

Nota de Camino al Despertar (Lo que hace el ego es agarrar esa energía que emerge y hacerla propia, la posee. Entonces hay “yo estoy ansioso”. Esto es el apego, la atadura. Cuando la ansiedad emerge y no hay nadie, entonces nadie puede agarrar o poseer la energía de la ansiedad, así que tal como aparece, desaparece. Al no haber nadie, no hay atadura, apego, y por tanto, no hay sufrimiento ni esclavitud, sólo libertad.)

La preocupación es una idea que emerge. Si hay una historia que hubiera que resolverse, el cerebro funcionará para resolver esa historia. Pero no hay nadie ahí preocupándose, es solo el cerebro funcionando de una determinada manera para lidiar con la circunstancia.

El buscador está desesperadamente asustado de su propia ausencia. Pero, en cambio, es la única cosa que desea, así que cuando escucha esto, corre a su máxima velocidad para evitar su propia disolución. 

La mayoría de las personas vienen a estas reuniones e inmediatamente corren hacia eso que creen o sueñan que podrían hacer o saber, para seguir alimentando esa identidad.

Este mensaje es totalmente impersonal y por eso mucha gente piensa que no es muy amoroso o compasivo, pero la única compasión que existe es la compasión que arroja luz acerca de la ilusión del aprisionamiento.

La única compasión verdadera es la que libera a esta persona aparentemente aprisionada. No existe otra compasión. Toda idea de que debes ser agradable con la gente o de tratar de ayudarlos con el sufrimiento, es otro acuerdo sucediendo entre las personas, entre los “yoes”. Sigue siendo parte del sueño.

La verdadera compasión, es amor incondicional, no trata de complacer a la gente, no se trata de ayudar a la gente a sentirse mejor acerca de ellos mismos. Eso también está bien, no hay nada malo en ello, pero este mensaje está señalando algo que está más allá de todo ese drama.

Este mensaje solo está realmente disponible si hay apertura, una preparación para ir más allá de la sensación del “si mismo queriendo algo”.

Tony Parsons 
Camino al Despertar.